Mi Álbum de Viajes

Ya han pasado más de seis años desde que viajé por primera vez fuera de mi país, en los últimos días del año 2010.  Con 15 años y muchos nervios, me subí a un avión para ir a visitar a una de mis mejores amigas en Inglaterra y fue en ese momento cuando la “semilla viajera” se plantó en mi mente.

Desde entonces viajar me ha llevado a vivir aventuras épicas, surrealistas y trepidantes, a conocer gente increíble y sus historias, a contemplar paisajes y atardeceres preciosos… Puedo decir convencida que las mejores y mayores aventuras de mi vida han sido viajando.

A modo de “álbum de recuerdos” y de índice de viajes, he decidido compilar todos los viajes que he hecho hasta el momento y una breve descripción de cada uno de ellos para que podáis leer los posts asociados, preguntarme sobre alguno de ellos o compartirme cómo han sido vuestras experiencias en sitios en los que haya estado.

¡Empecemos! 🙂

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Información Útil | Italia: Mis 5 Lugares Secretos en Roma

Roma es una de mis ciudades favoritísimas en el mundo. Un poco caótica pero llena de vida, personalidad e hitoria… ¡todo lo que me gusta en una ciudad! Hasta la fecha, he podido visitar esta ciudad tres veces, pero repetiría una y otra vez sin que me importara, ya que en esta ciudad siempre hay algo que descubrir.

Por eso, hoy quiero enseñaros cinco lugares que me encantan en esta mágica ciudad y que aún no son tan conocidos. ¡Empecemos!

I) Monumento Nazional a Vittorio Emanuele II

Personalmente me encantan los edificios hecho de marmol blanco así que… ¿cómo no “morirse de amor” con esta obra de arte italiana tan bonita y majestuosa?

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Y vosotros pensaréis… ¿qué hay de desconocido en un monumento? Bueno, aunque el edificio en sí es espectacular, éste también oculta un museo, la tumba del soldado desconocido, dos esculturas de la poderosa Diosa de la Victoria y… ¡una terraza panorámica con unas vistas de 360º de la ciudad! 

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El precio para subir hasta este precioso rooftop es de 7€ para adultos y de 3,50€ para los menores de 18 años, un precio bastante asequible si tenemos en cuenta el precio de las mayorías atracciones turísticas de la ciudad.

MI RECOMENDACIÓN: Si viajáis a Roma durante el invierno como yo, aprovechad el horario de la terraza y disfrutad de un atardecer con una de las mejores vistas de la ciudad.

II) Villa del Gran Priorato dell’Ordine dei Cavalieri di Malta

Si buscáis una verdadera joya en Roma, esta se esconde en el agujero de una cerradura en la Colina Aventina!

Para llegar a ella, buscad la Plaza de los Caballeros de Malta y, una vez allí, probablemente podrás ver una cola de gente esperando para mirar a través de una cerradura. No están locos. Sólo espera a tu turno y déjate sorprender por la belleza de San Pedro al final de un romático jardín.

Aunque este sitio solía ser bastante secreto, cada vez es más conocido por los viajeros que visitan Roma, así que aprovechad para conocerlo antes de que se llene de turistas.

MI RECOMENDACIÓN: Id a visitarlo durante el amanecer o el atardecer y, después de mirar por del agujero de la cerradura, seguid contemplando la panorámica de la bonita Roma y del río Tiber a vuestros pies desde el romántico Jardín de los Naranjos (justo al lado de la plaza!). 

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III) Heladería Giolitti

¿Te requetencanta el helado como a mí? Entonces te enamorarás de este sitio. Esta heladería se fundó en 1890 y no mucho después de su nacimiento se convirtió en el proveedor oficial de helados de la familia real italiana así que imaginaros lo buenos que están…

La decoración de esta gelateria es bastante vintage, recordando bastante a los cafés franceses por su elegancia. Descubrí este lugar durante mi primera visita a Roma con el colegio (y nuestro guía español, que nos enseñó lugares muy chulos) y, puedo deciros que después de una semana probando diferentes helados en Italia… ¡éstos me encantaron!

Así que cuando estuve en Roma de nuevo, en 2016, no dudé en buscar esta heladería hasta encontrarla y hacer que mi madre probara el verdadero gelatto italiano.

MI RECOMENDACIÓN: Sed valientes, arriesgaros a probar nuevos sabores y combinaciones y disfrutad de vuestro helado mientras paseáis por el corazón de Roma hasta llegar al bonito Panteón. 

IV) Los Jardines de los Museos Vaticanos

Con más de 20.000 piezas de arte en exposición, los Museos Vaticanos son un verdadero paraíso para los amantes del arte como yo aunque éstos ocultan otros pequeños paraísos que no “en exposición”…

Si lo que buscáis es desconectar del ambiente caótico de Roma, os recomiendo que paséis una tarde contemplado los frescos de Michelangelo en el techo de la bonita Capilla Sixtina o la conmovedora escultura de Laoconte Y Sus Hijos. Cuando hayáis satisfecho vuestra curiosidad artística, dirigíos a los jardines del museo y podréis disfrutar de una de las mejores vistas de la cúpula de San Pedro.

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MI RECOMENDACIÓN: Desde hace un tiempo es posible comprar los tickets a los Museos por Internet. Hacedlo, os ahorraréis las largas colas que hay para entrar en uno de los mejores museos del mundo. 

V) El Puente de Sant’Angelo

Probablemente, uno de mis lugares favoritos para fotografiar la catedral de San Pedro, sobretodo al atardecer. Y es que durante mi segundo viaje a Roma me sorprendí por esta imagen mientras cruzaba el puente (¡incluso teniendo las vistas del Castillo de Sant’Angelo enfrente de mí!).

Aunque realmente este puente es bastante concurrido, la mayoría de turistas cruzan este puente sin darse cuenta de las maravillosas vistas que tienen a un lado del puente (sobretodo en invierno) así que ¡aprovechadlo y disfrutad de esta postal!

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MI RECOMENDACIÓN: Como ya os he dicho, os recomiendo visitar el puente durante el amanecer o el atardecer, cuando el cielo coge unas tonalidades preciosas y la vista de San Pedro se convierte en una de las más románticas de la ciudad. 

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Portugal | Días 4 & 5 – Lisboa: Días Lluviosos en el Camino

Hay ciudades que duelen; en las que el recuerdo de las sensaciones que viviste te apaga incluso después de terminar el viaje. Para mí, Lisboa fue una de esas. Si Porto había sido un subidón constante de dopamina, en Lisboa me faltó algo.

Si había algo que me había hecho dudar durante la planificación del viaje era tener todas las noches reservadas con antelación o no, ya que eso me privaría de cierta “libertad” a la hora de explorar. Al ser mi primer viaje en solitario me decidí por despejar incóginitas y las reservé. Craso error. 

A pesar de tener ganas de conocer Lisboa, Porto me hizo sentir libre y agusto. Al poco de llegar ya me sentía completamente integrada en la ciudad, como si fuera mía. Conecté. No quería irme de Porto y me hubiera quedado más tiempo… de no haber tenido las noches de hotel reservadas y pagadas. No es difícil imaginar pues que cuando llegué a Lisboa en aquel tren tuve una mezcla de sentimientos.

A la mañana siguiente empezó disfrutando de un delicioso desayuno pero empeoró a medida que avanzó el día. La lluvia estuvo presente gran parte del día, impidiéndome explorar la ciudad y haciendo más profundas mis emociones y pensamientos. Me di cuenta de que, por primera vez después de mi gran viaje por el sudeste asiático, sólo iba a estar de viaje durante cinco días. Cinco días en los que te puede llover o puedes estar cansada, pero cinco días. No existe tiempo para vivir de viaje y ahí llegué a la conclusión de que eso era lo que me faltaba. Tiempo para vivir viajando.

Esta revelación fue reconfortante y debastadora al mismo tiempo. Reconfortante porque por fin me di cuenta de qué quería hacer con mi vida, pero debastadora al ser consciente de que no podría volver hacerlo (almenos no en un largo tiempo).

Al final del día, después de mucho pensar y trabajar un poco en mis cosas, mi amigo Andreas (un chico alemán viajando por Europa que conocí en el hostal) y yo decidimos aprovechar que la lluvia nos daba una tregua y salir a descubrir la ciudad.

Paseamos durante más de una hora, desde nuestro hostel (en la zona de Marquês De Pombal) hasta señorial la Plaza del Comercio. Por el camino nos encontramos con el Arco Da Rua Augusta y vimos a los turistas subir en el Elevador de Santa Justa.

Desde la plaza continuamos hasta cerca del restaurante K Urban Beach, en dirección al Puente 25 de Abril, y después deshicimos el camino. La sensación sobre aquel día perdido mejoraron tras aquel paseo, ya que al fin había conseguido salir del hostal. Cuando volvimos y cenamos sólo pude irme a la cama deseando que el tiempo mejorara al día siguiente.

Mi segundo y último día en Lisboa empezó mucho más soleado que el primero y tuve la sensación de que sería un día genial para explorar la ciudad en solitario, así que decidí hacerlo así.

Aunque me no me puede gustar más conocer las ciudades andando, decidí coger el metro para ahorrarme algo de tiempo e ir de mi hostal hasta la Praça do Comércio, donde había estado la noche anterior.

De día y con sus pórticos, la plaza me gustó aún más y me recordó a la Plaza Mayor de Madrid. Su elegancia y sus edificios cubiertos de ese tono amarillo precioso hicieron que se convirtiera en uno de mis lugares favoritos de la ciudad.

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Desde allí me acerqué caminando hasta la catedral de la ciudad. Su arquitectura, interior y exterior, es interesante aunque lo mejor es su ubicación, rodeada de callejuelas estrechas y recubiertas de bonitos azulejos. Desde la catedral obtuve la impresión de Lisboa que había andado buscando y que había conseguido en Porto, su belleza natural y sin filtros.

Después de esta parada en el camino, continué hasta la zona del Castillo de San Jorge. Aunque decidí no entrar al castillo, porque encontré la entrada bastante cara y poque me hubiera ocupado mucho más tiempo del que tenía disponible. Aun así, las callejuelas que rodean al castillo son muy pintorescas y se puede pasear relajadamente por ellas, lejos de la multitud de turistas.

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Seguí mi camino hasta encontrar la calle Santa Luzia, donde me topé con el Miradouro de Santa Luzia cuando iba camino de Largo Postas do Sol para luego perderme por el barrio de Alfama.

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Hacia la hora de comer la lluvia volvió y, como no sabía si volvía para quedarse, decidí acercarme de nuevo a mi hostel para aprovechar y hacerme la comida mientras el tiempo no mejoraba.

Justo antes del atardecer dejó de llover así que me dirigí a la zona de Chiado, donde aún no había estado y subí hasta el famoso Mirador de São Pedro de Alcântara, donde disfruté de las vistas de la puesta de sol con la ciudad a mis pies y las vistas del Castillo de San Jorge en el horizonte.

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Antes de que anocheciera totalmente me dediqué a perderme por las calles, llegando a algunas iglesias bastante destacables como: la Igreja de São Roque,  la Igreja Da Nossa Senhora Encarnação o la Igreja do Loreto (éstas dos últimas bastante cerca de la Plaza de Luis Camões).

Aprovechando los últimos rayos de sol me dirigí, a toda prisa, al Miradouro de Santa Caterina. Las vistas desde el lugar eran espectaculares, pero el ambiente no acompañaba (almenos no para mi gusto). El mirador estaba lleno de gente, el ruido de la gente hablando, chillando y escuchando música no te dejaba contemplar las vistas en paz y el olor a marihuana echaba para atrás. Quizá en otro momento del día hubiera sido mejor, pero no pude comprobarlo.

INFO ÚTIL:

Podéis ver una lista completa de los Miradouros de Lisboa en este enlace.

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