Mi Álbum de Viajes

Ya han pasado más de seis años desde que viajé por primera vez fuera de mi país, en los últimos días del año 2010.  Con 15 años y muchos nervios, me subí a un avión para ir a visitar a una de mis mejores amigas en Inglaterra y fue en ese momento cuando la “semilla viajera” se plantó en mi mente.

Desde entonces viajar me ha llevado a vivir aventuras épicas, surrealistas y trepidantes, a conocer gente increíble y sus historias, a contemplar paisajes y atardeceres preciosos… Puedo decir convencida que las mejores y mayores aventuras de mi vida han sido viajando.

A modo de “álbum de recuerdos” y de índice de viajes, he decidido compilar todos los viajes que he hecho hasta el momento y una breve descripción de cada uno de ellos para que podáis leer los posts asociados, preguntarme sobre alguno de ellos o compartirme cómo han sido vuestras experiencias en sitios en los que haya estado.

¡Empecemos! 🙂

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Portugal | Día 3 – De Porto A Lisboa: Todo Viaje Empieza Con Un Adiós

Mi último día en Porto empezó como cualquier otro día. Me desperté, me vestí y me dirigí a la cocina de mi hostal. Allí me encontré con Inés, mi amiga argentina con la que me fui a explorar Braga el día anterior. A ambas nos tocaba rehacer las mochilas y marcharnos de Porto pronto, así que decidimos repasar todo aquello que queríamos ver antes de irnos.

Pusimos rumbo a la Igreja  y la Torre dos Clérigossímbolo de la ciudad de Porto, y de camino nos topamos intencionadamente con la Capella Das Almas, una estrecha pero preciosa capilla que tenía en mi bucket list. No defraudó. Recubierta de bellos azulejos azules llenos de historias, la Capilla de las Almas es una de las iglesias más pintorecas de Porto.

 

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Deambulamos por la ciudad un rato más hasta llegar a nuestro objetivo donde, aún con la neblina y la humedad del Duero en las primeras horas del día, disfrutamos de las mejores vistas de Porto.

INFO ÚTIL:

Para acceder a la torre es necesario pagar una entrada de 4€. Con la entrada también se adquiere el derecho a visitar las exposiciones que hay en el interior del edificio. La iglesia también es bonita, aunque nada del otro mundo.

Aprovechamos nuestra visita a la zona para acercarnos en la famosísima Librería Lello e Irmão. Su fachada, hecha mosáico, la distingue del resto y su interior es de ensueño. No es de extrañar pues que Lonely Planet la clasifique como una de las librerías más bonitas del mundo o que J.K. Rowling se inspirara en sus escaleras y su interior al diseñar el mundo mágico de Hogwarts.

INFO ÚTIL:

El acceso a la librería es de pago, aunque el importe se retorna a aquellas personas que compren un libro (la mayoría estan en portugués, pero también se pueden encontrar en inglés y en español). El coste de la entrada son 4€ y la entradas se adquiere en la tienda de la esquina con la calle Rua do Dr. Ferreira da Silva.

Después de enamorarnos perdidamente de la librería y aún más de Porto llegó la hora de despedirnos, aunque no sin antes acercarnos a São Bento de nuevo y comprar mi billete de tren a Lisboa.

INFO ÚTIL: 

Existe la posibilidad de reservar los billetes de tren con antelación y a través de la página web. Yo no lo hice porque quería tener cierta libertad a la hora de decidir cuando iba a irme, por lo que los billetes me salieron 30,30€ (algo más caros que comprados con antelación). El tren a Lisboa no puede cogerse en São Bento, por lo que la estación de Campanhã es una buena alternativa.

Con mis billetes comprados y a punto de despedirnos, nos topamos con dos chicos de Porto Canal, que nos preguntaron por la ciudad y nos pidieron que votáramos públicamente por Porto en el concurso de Mejor Destino Europeo de 2017 y… ¿cómo negarnos si la ciudad nos había enamorado?

Después de demorarlo tanto como pudimos, nos despedimos. Yo me fui de vuelta al hostal, donde tenía que recoger la mochila. De camino paré durante unos minutos, en los que aproveché para contemplar la bonita fachada de la Igreja de Santo Ildefonso y así despedirme de Porto.

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El trayecto hasta Lisboa se hizo corto y es que caí completamente rendida después de perder de vista la bonita postal del mar y la playa desde el tren. Poco antes de llegar a la estación de tren de Santa Apolónia, en Lisboa, desperté de mi sueño y decidí que quedarme despierta era la mejor opción.

En cuanto llegué busqué rápidamente por el metro, que me acercaría a mi hostal. Una vez allí decidí que estaba demasiado cansada para explorar la ciudad esa misma noche, así que me limité a pasear por las calles cercanas, desde la plaza Marqués Du Pombal hasta el Monumento dos Restauradores.

Portugal | Día 2 – Braga: Donde la Magia Continúa

Mi escapada a Braga fue totalmente espontánea, ya que ni siquiera había contemplado la idea con anterioridad. La casualidad surgió durante mi primera noche en el hostal mientras hablaba con Eva, una chica canadiense muy simpática, y apareció mi ahora amiga Inés, una chica de Argentina, que casualmente iba a ir a Braga y decidió invitarme a ir con ella.

Me pareció una idea genial así que al día siguiente, a las 9 de la mañana, quedamos para desayunar. Al terminar, cogimos nuestras cosas y nos pusimos a caminar hacía la Estación de São Bento, una de las estaciones más bonitas he visto en mi vida y en la que podría recrearse un rencuentro de novela entre dos enamorados.

Decorada con unos  detalladísimos azulejos (más de 20.000), las paredes de la estación relatan hechos históricos y cotidianos de Portugal así como ilustraciones relacionadas con el transporte.

El viaje hasta Braga fue entretenido. Hablamos sobre nuestras vidas y sobre cómo resultaba haber tantos argentinos/as en Barcelona, mi ciudad, mientras veíamos los paisajes pasar a través de la ventana. Sólo una hora y veinte minutos después estábamos en Braga, donde caminamos 10 minutos para llegar hasta la catedral.

Su apariencia, bastante parecida a la fachada frontal de la Sé do Porto, no destaca en exceso, a pesar de ser considerarse uno de los edificios del Románico Portugués más importantes del país.

Habiendo conocido el exterior de la catedral y sin mucha curiosidad por conocer su interior, nos decidimos a descubrir el casco histórico de la ciudad y así terminamos en Largo de Carlos Amarante, donde nos topamos con la Iglesia de Santa Cruz. De allí retomamos la Calle de San Marcos y caminamos hasta el Jardín de la Avenida Central, donde aprovechamos para documentarnos sobre la ciudad y sobre cómo llegar hasta la famosa iglesia de Bom Jesus do Monte en el Punto de Información Turística.

Cuando retomamos nuestra visita decidimos acercarnos al arco neo-clásico de Porta Nova, la cuidada Igreja do Pópulo y el Convento dos Congregados; también aprovechamos para sumergirnos (un poco más) en el centro y en la vida de Braga. Al llegar a la curiosa iglesia de Nossa Senhora-a-Branca decidimos que era hora de comer, así que decidimos buscar un sitio donde descansar y disfrutar de la comida portuguesa.

Con una de las mejores comidas que hice en Portugal (y la más barata) en el estómago, nos acercamos a la parada de autobús, donde tomamos uno de la línea dos con dirección a Bom Jesus do Monte.

Cuando el autobús se detuvo en la entrada a la iglesia, ambas nos fascinamos por la naturaleza que rodeaba el camino de acceso. Decidimos llegar hasta esta excéntrica iglesia andando y descubriéndola desde abajo, donde se obtienen las imágenes más características de este lugar, y la verdad es que resultó ser todo un acierto.

Las iglesia vista desde arriba, una luz perfecta y la postal de Braga a nuestros pies durante el atardecer me sometieron a una especie de “trance” en la que no podía dejar de disparar mi cámara, apartar la mirada del objetivo para seguir sorprendiéndome y sentirme agradecida por poder disfrutar de ese momento.

Definitivamente, Bom Jesus do Monte no deja a nadie indiferente y, a pesar de que su aspecto vívido e intenso pueda parecer “demasiado”, es uno de los lugares más bonitos que conocí en Portugal.

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